Noche de reinas
Un día
que no recuerdo porque el espacio y el tiempo me eran indiferentes, a eso de
las 11 de la noche, salía de la cueva de Frankenstein, el cantinero del pueblo,
hacia los patios de la escuelita que quedaba a unas tres cuadras más arriba,
estaba llena de lugareños que bajaban de todas la comunidades; ahora que lo
recuerdo era la noche de la coronación de la reina que auspiciaba el colegio donde estaba trabajando ya unos cuantos años .
En una
aula construida para albergar a todos los grados en un espacio de unos 10 mts
por 5 aproximadamente, se desarrollaba el acto de coronación.
La reina de san Fco de Sigsipaamba era una muchachita que cursaba 10mo año de básica; vestía la reina un agraciado vestido color crema; ella, sentada en la parte superior del aula donde estaba el escenario parecía una estatua de cera inmutable pero dichosa; ella y solo ella por el hecho de ostentar su corona de reina parecía estar en contacto con un mundo hecho solo para ella una sonrisa imperceptible que a ratos combinaba con un rostro de incredulidad a veces y de seriedad en otros era la tónica que cubría la noche de reinas, nadie reparaba en el rostro de la reina parecía un profeta sin voz pero en su rostro se dibujaba una expresión de tragedia por lo estéril de su presencia, no inspiraba gracia alguna o interés de alguien por ser agraciada en su trono inmutable.
El
rector y los profesores, la acompañábamos; a un costado estaba un muchacho que
ponía la música, yo me encontraba junto
a Marco, el rector, charlábamos despreocupadamente, la fiesta transcurría de lo
más sabrosa, me imagino para los asistentes al magno evento para mí era
solamente el hecho de cumplir con la gente del colegio y con la integración en la comunidad sin
contratiempos.
Lo que
estaba sucediendo afuera en el patio de la escuela nosotros no lo
sospechábamos; adentro el ambiente estaba calmado, era temprano todavía, y los
presentes no entraban en calor aún.
Mi pensamiento estaba ocupado en esos instantes en cómo me
estaba adatando otra vez a un estado de cosas diferente, tendría que lidiar
ahora solo y la gente ahora me parecía indiferente
sin embargo mis tareas en el colegio eran realizadas con el cuidado de siempre,
algún muchacho estaba terminando su año escolar sin provecho ninguno lo que me
hizo tomar la decisión de hacerle tomar
por segunda vez el mismo curso.
El
muchacho partencia a una de las familias de la comunidad de San miguel, el
rector enterado de la pérdida de año del muchacho. Me dijo: ya se enteró de que
el padre del muchacho es Dn. Fabián Bonilla, si le dije sin preámbulos. El me
respondió “si solamente es Dn. Fabián” y
lo hizo de forma irónica, como queriéndome advertirme de la solemnidad del Sr.
Bonilla.
Días más
tarde me enteré de algo
preocupante: a un profesor que se había marchado ya del pueblo le habían dado una golpiza y luego de creerlo
muerto, lo habían tirado al rio, milagrosamente había salvado su vida, una
piedra grande lo había detenido antes de que se llevara la corriente; a este
profesor si lo conocía; saludábamos en la calle, pero nunca me dispuse a
preguntarle, por qué le habían querido matar tirándolo al rio. Después de estos
acontecimientos, empecé a tomar mis precauciones; me dije en voz baja, será que
si sigo acá sin importarme nada, terminaré victimado por algún ignorante del
lugar.
Días después de mis vacaciones retorné a mis
labores del nuevo año, al poco rato estando en el colegio tuve la visita de un
furibundo señor Bonilla quien agitando sus manos y con una cara de mil demonios
me amenazaba dándome plazos para buscar la forma de solucionarle la perdida de
año de su hijo yo realmente estaba asustado, no conocía a ese señor Bonilla, lo
veía como a cualquier otro vecino del pueblo, sus actitudes me eran
indiferentes. Era el típico ignorante que actuaba por capricho con ínfulas de
mayoral del pueblo.
Lo cierto era que era miembro de una familia
que mantenía retaliaciones y enfrentamientos con miembros de una comunidad
vecina llamada Sn Vicente los mentados Cuásquer; entre estas dos se había
desatado una pugna para demostrar cual de las familias era más respetable y una
más que otra estaba dispuesto a defender
su honor hasta las últimas consecuencias se sabía que andaban armados y en más
de na ocasión se habían producido escaramuzas y emboscadas de las cuales salían
librados de puro milagro. Los Bonillas parecían ser los que se tiraban a ser
gente más fina y aristocrática del pueblo, pues demostraban tener dinero y
humillar a los Cuásquer porque eran pobres y menesterosos, pero el orgullo del
pobre es más poderoso que la garantía del dinero de cualquiera.
De pronto aparece un tipo en
la puerta de entrada, sube penosamente las escalinatas que llevaban al
escenario con la camisa desgarrada y ensangrentada, me sorprendí un momento,
pues no lo conocía, se acerca en dirección a nosotros donde estaba Marco su cuerpo tambaleaba, pero estaba bien, era un
hombre joven y dice:
-Mira lo que me hace el
Cúasquer- entonces, se da la vuelta le vi de espaldas, tenía una profunda
herida de puñal en su espalda baja. En el acto salimos del lugar en dirección
al patio de la escuela la gente estaba por todas partes en penumbra; de a poco el
patio se despejaba, escuche a una persona decir hay un muerto acaban de matarlo
de dos tiros. No sabía de quien se trataba. Pregunté -dónde está ?
-Está en aquella casa- El
muerto había alcanzado a correr hasta el
frente de un patio de cemento de la casa de su amigo y allí había caído víctima de los disparos de la persona
que entró por la puerta del salón buscando ayuda. Los dos se habían enfrentado
para liarse a trompones en el patio de la escuelita parece que apenas vencido
el Cuasquer porque se encontraba debajo de uno de los Bonillas, este había
sacado una pequeña navaja con la cual acuchillaba a su enemigo mientras se
revolcaban por el piso de hierva mojada
mientras los comuneros avivaban con algarabía parcializada hacia cada uno de
los enemigos. El mal herido logro incorporarse y mientras su contendor
amenazaba con lanzarle otra cuchillada; el Bonilla no espero más sacó su arma
recién robada del cuartel del ejército donde se había escapado para asistir al
su pueblo natal que estaba de fiesta.
Los amigos del muerto no
sabían que hacer, los parientes del homicida se habían esfumado como por arte
de magia en medio de la complicidad de la espesura de los matorrales en medio
de la negra noche de reinas. Solamente
quedaban algunas personas curiosas en medio de las sombras de la funesta noche y el dueño de la casa donde había caído el
muerto, estaba frenético de ira reclamado por su amigo sin vida corriendo por
un lado y otro buscando culpables. Y en su afán de pedir ayuda propio de un patético en un desesperado acto
ignorante. Lo vi cómo se subía hacia unos pilares de madera haciendo malabares
de acróbata improvisando giros y escaladas espectaculares donde estaban colgando
unos cables de teléfono, los arrancó de un tirón, y cortó los cables en dos; pensé que iba a conectar algún teléfono, pero
no lo hizo, tomo una punta de cable pelado y se lo puso en su oído y la otra
punta la llevo a su boca diciendo:
aloó…aloó. aloó… al no recibir ninguna respuesta en su oído del cable pelado,
claro está; se bajó[D1]
de las vigas soltando los cables avergonzado de su torpeza víctima de la desesperación de denunciar al
homicida
Por mi
parte terminé saliéndome de un problema, promoviéndolo de curso al muchacho lo
hice, pero al poco tiempo el mismo hubo de retirarse de clases por un soplo al
corazón que empezaba a sufrir, es lo que dijeron entonces sus parientes
comprendí la falta de su interés por estudiar. Y como en algunos lugares de
esos montes olvidados de dios, se paga ojo por ojo, y diente por diente,
apareció muerto en Quito un hijo joven del padre quien me amenazaba coléricamente,
se decía en el pueblo que uno de los Cuasquer había tomado venganza, victimando
al joven ex estudiante de nuestro colegio mientras hacía guardia en una de las
calles oscuras de la ciudad cierto o no sucedió así el desenlace de la rencilla a
muerte de las dos familias: los Cuasquer y los Bonillas.
“La
humildad es el título más ilustre de un noble”.
Montalvo.