jueves, 14 de mayo de 2015

cuentos cortos: noche de reinas.



Noche de reinas
Un día que no recuerdo porque el espacio y el tiempo me eran indiferentes, a eso de las 11 de la noche, salía de la cueva de Frankenstein, el cantinero del pueblo, hacia los patios de la escuelita que quedaba a unas tres cuadras más arriba, estaba llena de lugareños que bajaban de todas la comunidades; ahora que lo recuerdo era la noche de la coronación de la reina   que auspiciaba el colegio  donde estaba trabajando ya unos cuantos años .
En una aula construida para albergar a todos los grados en un espacio de unos 10 mts por 5 aproximadamente, se desarrollaba el acto de coronación.

La reina de san Fco de Sigsipaamba  era una muchachita que cursaba  10mo año de básica;  vestía la reina un agraciado vestido  color crema; ella, sentada en la parte superior del aula donde estaba el escenario parecía una estatua de cera inmutable pero dichosa; ella y solo ella por el hecho de ostentar su corona de reina parecía estar en contacto con un mundo hecho solo para ella una sonrisa   imperceptible que a ratos combinaba con un rostro de incredulidad a veces y de seriedad en otros era la tónica que cubría la noche de reinas, nadie reparaba en el rostro de la reina parecía un profeta  sin voz pero en su rostro se dibujaba una expresión de tragedia por lo estéril de su presencia, no inspiraba gracia alguna o interés de alguien por ser agraciada en su trono inmutable.  

El rector y los profesores, la acompañábamos; a un costado estaba un muchacho que ponía la música, yo me encontraba  junto a Marco, el rector, charlábamos despreocupadamente, la fiesta transcurría de lo más sabrosa, me imagino para los asistentes al magno evento para mí era solamente el hecho de cumplir con la gente del colegio y  con la integración en la comunidad sin contratiempos.
Lo que estaba sucediendo afuera en el patio de la escuela nosotros no lo sospechábamos; adentro el ambiente estaba calmado, era temprano todavía, y los presentes no entraban en calor aún.  
Mi pensamiento   estaba ocupado en esos instantes en cómo me estaba adatando otra vez a un estado de cosas diferente, tendría que lidiar ahora solo y la gente  ahora me parecía indiferente sin embargo mis tareas en el colegio eran realizadas con el cuidado de siempre, algún muchacho estaba terminando su año escolar sin provecho ninguno lo que me hizo  tomar la decisión de hacerle tomar por segunda vez el mismo curso.
El muchacho partencia a una de las familias de la comunidad de San miguel, el rector enterado de la pérdida de año del muchacho. Me dijo: ya se enteró de que el padre del muchacho es Dn. Fabián Bonilla, si le dije sin preámbulos. El me respondió “si solamente es Dn. Fabián”  y lo hizo de forma irónica, como queriéndome advertirme de la solemnidad del Sr. Bonilla. 
Días más  tarde me enteré  de algo preocupante: a un profesor que se había marchado ya del pueblo  le habían dado una golpiza y luego de creerlo muerto, lo habían tirado al rio, milagrosamente había salvado su vida, una piedra grande lo había detenido antes de que se llevara la corriente; a este profesor si lo conocía; saludábamos en la calle, pero nunca me dispuse a preguntarle, por qué le habían querido matar tirándolo al rio. Después de estos acontecimientos, empecé a tomar mis precauciones; me dije en voz baja, será que si sigo acá sin importarme nada, terminaré victimado por algún ignorante del lugar.
Días después de mis vacaciones retorné a mis labores del nuevo año, al poco rato estando en el colegio tuve la visita de un furibundo señor Bonilla quien agitando sus manos y con una cara de mil demonios me amenazaba dándome plazos para buscar la forma de solucionarle la perdida de año de su hijo yo realmente estaba asustado, no conocía a ese señor Bonilla, lo veía como a cualquier otro vecino del pueblo, sus actitudes me eran indiferentes. Era el típico ignorante que actuaba por capricho con ínfulas de mayoral del pueblo.
Lo cierto era que era miembro de una familia que mantenía retaliaciones y enfrentamientos con miembros de una comunidad vecina llamada Sn Vicente los mentados Cuásquer; entre estas dos se había desatado una pugna para demostrar cual de las familias era más respetable y una más que otra  estaba dispuesto a defender su honor hasta las últimas consecuencias se sabía que andaban armados y en más de na ocasión se habían producido escaramuzas y emboscadas de las cuales salían librados de puro milagro. Los Bonillas parecían ser los que se tiraban a ser gente más fina y aristocrática del pueblo, pues demostraban tener dinero y humillar a los Cuásquer porque eran pobres y menesterosos, pero el orgullo del pobre es más poderoso que la garantía del dinero de cualquiera.
De pronto aparece un tipo en la puerta de entrada, sube penosamente las escalinatas que llevaban al escenario con la camisa desgarrada y ensangrentada, me sorprendí un momento, pues no lo conocía, se acerca en dirección a nosotros donde estaba Marco  su cuerpo tambaleaba, pero estaba bien, era un hombre joven y dice:
-Mira lo que me hace el Cúasquer- entonces, se da la vuelta le vi de espaldas, tenía una profunda herida de puñal en su espalda baja. En el acto salimos del lugar en dirección al patio de la escuela la gente estaba  por todas partes en penumbra; de a poco el patio se despejaba, escuche a una persona decir hay un muerto acaban de matarlo de dos tiros. No sabía de quien se trataba. Pregunté -dónde está ?
-Está en aquella casa- El muerto había alcanzado a correr  hasta el frente de un patio de cemento de la casa de su amigo y allí había  caído víctima de los disparos de la persona que entró por la puerta del salón buscando ayuda. Los dos se habían enfrentado para liarse a trompones en el patio de la escuelita parece que apenas vencido el Cuasquer porque se encontraba debajo de uno de los Bonillas, este había sacado una pequeña navaja con la cual acuchillaba a su enemigo mientras se revolcaban por el piso  de hierva mojada mientras los comuneros avivaban con algarabía parcializada hacia cada uno de los enemigos. El mal herido logro incorporarse y mientras su contendor amenazaba con lanzarle otra cuchillada; el Bonilla no espero más sacó su arma recién robada del cuartel del ejército donde se había escapado para asistir al su pueblo natal que estaba de fiesta.

Los amigos del muerto no sabían que hacer, los parientes del homicida se habían esfumado como por arte de magia en medio de la complicidad de la espesura de los matorrales en medio de la negra noche de reinas.  Solamente quedaban algunas personas curiosas en medio de las sombras de la funesta noche  y el dueño de la casa donde había caído el muerto, estaba frenético de ira reclamado por su amigo sin vida corriendo por un lado y otro buscando culpables. Y en su afán de pedir ayuda  propio de un patético en un desesperado acto ignorante. Lo vi cómo se subía hacia unos pilares de madera haciendo malabares de acróbata improvisando giros y escaladas espectaculares donde estaban colgando unos cables de teléfono, los arrancó de un tirón, y cortó los cables en dos;  pensé que iba a conectar algún teléfono, pero no lo hizo, tomo una punta de cable pelado y se lo puso en su oído y la otra punta la llevo a su boca  diciendo: aloó…aloó. aloó… al no recibir ninguna respuesta en su oído del cable pelado, claro está; se bajó[D1]  de las vigas soltando los cables avergonzado de su torpeza  víctima de la desesperación de denunciar al homicida
Por mi parte terminé saliéndome de un problema, promoviéndolo de curso al muchacho lo hice, pero al poco tiempo el mismo hubo de retirarse de clases por un soplo al corazón que empezaba a sufrir, es lo que dijeron entonces sus parientes comprendí la falta de su interés por estudiar. Y como en algunos lugares de esos montes olvidados de dios, se paga ojo por ojo, y diente por diente, apareció muerto en Quito un hijo joven del padre quien me amenazaba coléricamente, se decía en el pueblo que uno de los Cuasquer había tomado venganza, victimando al joven ex estudiante de nuestro colegio mientras hacía guardia en una de las calles oscuras de la ciudad  cierto o no  sucedió así el desenlace de la rencilla a muerte de las dos familias: los Cuasquer y los Bonillas.
“La humildad es el título más ilustre de un noble”.
                                                                  Montalvo.


 [D1]