Cuentos
cortos para el crecimiento personal
La sirena
Por
Javier Bosmediano.
El
niño se sentó en la vereda de piedra ,
distraído, embelesado en las olas del mar que chocaban contra los arrecifes, el
estruendo era ensordecedor, pero en lugar de perturbarle le causaba una
sensación de un permanente viaje hacia destinos celestiales allá en el
horizonte azul donde parecía confundirse el cielo con el mar; de súbito el
susurro dulce de una música que salía
desde lo más profundo del mar
arrebató su atención, dirigió toda su mirada hacia el lugar desde donde
provenía el eco de la música que viajaba desde lo más lejanos acantilados hasta
el lugar desértico y escabroso de los arrecifes donde se hallaba en actitud
contemplativa
El mar
cambiaba de colores desde un azul transparente hacia una estela multicolor que
se refractaba con los rayos del sol de la mañana; así el niño permaneció unos
segundos hasta que de súbito saltó de entre las aguas tempestuosas del mar y los arrecifes un hermoso pez de gran
tamaño, el niño se incorporó para ver mejor el espectáculo, y pudo ver que
el pez tenía una hermosa cola que
terminaba en una aleta caudal que se agitaba frenética al contacto con el aire
como queriendo elevarse por encima del lomo del mar mostrando
por un instante su espléndida cola bordada de escamas tornasoladas en lo más alto
posible hasta hacerse visible por completo; entonces, el niño pudo verla en su
máximo esplendor, en aquel momento una suave brisa baño su cara la sirena parecía que le miraba dulcemente
mientras se alejaba y un pensamiento se
fijó en su cabeza, era un buen augurio de fe, fortuna y esperanza. Era una
sirena, pensó si una hermosa sirena, él las conocía las había visto en una
vieja revista que su abuelo le había regalado en una ocasión cuando los dos
estaban dirigiéndose a la feria de los cirqueros para ver al hombre que “hacia
cumplir el sueño de los niños”. Ese día el niño acudió presuroso con anhelante
expectativa.
El
niño tenía un sueño, ser feliz viajando en un hermoso velero como aquellos que
veía pasar cuando salía en la barca envejecida por el salitre y los años a su
humilde oficio de pescador, su viaje sería largo larguísimo, iría más allá de
todas las islas y pueblos de pescadores conocidos, si navegaba en la noche
seguiría la ruta de las estrellas como lo había enseñado su abuelo: Si te
diriges hacia el sur, le dijo un día
veras una estrella grande y brillante como un zafiro “la cruz del sur” siempre
te llevara a lo se conoció en la antigüedad como la capital del imperio de los
Incas “El cusco”; allí gobernó un rey inca
mentado Atahualpa reconocido por su valentía y sabiduría, fue el más
querido de los dos hijos del rey Huayna Cápac uno de soberanos del pueblo inca cuyos dominios se extendieron
por toda América antes de la llegada de los españoles a estas tierras. También
supo de labios de su abuelo que en una región de este reino existía una laguna sagrada donde el elegido para ser curaca o
gobernador, se le ceñia en su frente una gran esmeralda como símbolo de
sabiduría. Se coronaba cada año a este elegido por el dios sol dándose un baño
de oro mientras navegaba acompasadamente en una barca dorada.
Otra estrella esa que ves allí, prosiguió el
abuelo se la puede ver en las noches claras
esa, que permanece siempre brillante y como un diamante le guiaría hacia
el norte.
Durante el día seguiría la ruta de las
gaviotas así seguiría y seguiría hasta
atracar en puerto seguro para
conocer el mundo con sus propios ojos.
Su
condición pobre y limitada de vivir en una choza de paja y a salir diariamente
con la madrugada en la canoa de su
abuelo, se hacía cada vez más cansada y rutinaria; sin embargo, los dos convivían con el mar y su el único propósito era
servirse de la abundancia del océano lo poco o mucho que la faena le permitía
para mantenerse él, su abuelo y su numerosa familia.
De sus
largas y agotadoras faenas, el niño a veces regresaba su mirada hacia los
albatros y las gaviotas que surcaban los cielos, lo que más admiraba era la
bandada de piqueros que de alguna isla salían para migrar en búsqueda de
alimentos, extasiándose en el señorial vuelo que de vez en cuando parecían
acompañar a los pescadores.
Una madrugada clara salieron cargando sus
cédales los aparejos y la carnada; se
hicieron a una cuantas millas de la playa hacia un mar tranquilo el abuelo
tenía la experticia de encontrar la más variada clase de especies que eran
apetecidas por los lugareños y los turistas que veraneaban en las costas de las
cálidas aguas ecuatoriales en América del sur.
El niño acompañaba a su abuelo, ya se hizo
costumbre desde el día en que cumplió los 11 años. El anciano le dijo: Ven
acompáñame, no te vas a arrepentir, vas a aprender un oficio de navegantes, que te servirá para
siempre, los navegantes somos hombres que no le tememos a la lucha con el mar
porque de sus aguas salimos fortalecidos para vencer cualquier dificultad,
grande o pequeña que se nos presente. El
niño lo miraba y escuchaba con atención
también le escucho decir un día en que los peces se negaban a picar que para
lograr una buena faena debía ser perseverante y no claudicar ante las
dificultades por eso en sus esfuerzos
iban más allá del atardecer, en muchas ocasiones llegaron a la playa ya entrada
la noche iluminados por un candil de aceite que llevaban para guiarse en la
noche y si no se alejaban demasiado podían guiar se por el reflejo de las luces
que viajaban desde el pequeño pueblo costero hasta donde se hallaban.
Cierto
día el inquieto niño llegó a la casa de su abuelo, quería encontrar la revista
que ya olvidada estaría seguramente por allí tirada en algún lugar de la
cabaña, al cabo de unos minutos no pudo encontrarla , pero al tratar de
hallarle, abrió un viejo baúl de abuelo, entonces encontró un libro de hojas de
seda y encuadernación de pasta gruesa de
color rojo que decía Enciclopedia Británica, abrió el libro con plena
curiosidad lo ojeo de principio a fin , cuando ya lo iba a dejar detuvo su atención en la ilustración de una
sirena que estaba sentada en lo más alto de un acantilado, su cabellera era
larga, larguísima que le llegaba hasta
su cola, se veía hermosa, también podía verse en la ilustración el mar
tempestuoso bajo los acantilados. El título de la ilustración decía “Lorelei”
El
joven leyó por primera vez dese que había dejado la escuela a los 11 años, le
gustó tanto la apasionante historia de la ninfa que ejecutaba dulces canticos
desde un peñasco en las riberas del Rin mientras peinaba sus cabellos con un
peine de plata, los pescadores que surcaba el peñasco no sabían desde donde
provienes aquellos susurros tristes de
la hermosa sirena si del fondo del rio o
de los peñascos, lo cierto es que confundidos en los susurros chocaban estrepitosamente
contra las peñas hasta encontrar la muerte irremediablemente.
Embelesado
por tal historia, el niño salió de su miserable choza con dirección a los
arrecifes de coral desde donde la había visto dar un salto espectacular; allí
permaneció unas horas hasta de súbito un chubasco muy grande agua cubrió el
endeble cuerpecito del niño por lo que le hizo perder el equilibrio cayéndose
en las profundas aguas del mar, ya frenético empezó a agitar brazos y piernas,
pero no tardó ni un solo instante, cuando
se vio cobijado de un manto de diminutos caracoles que poco a poco
formaban una enorme burbuja donde cabía cómodamente sin faltarle la
respiración, así navegó hasta una cueva submarina entonces los caracoles se
desplegaron y se fueron al mar, dentro de la cueva submarina pudo ver un enorme y hermoso castillo azul, que se
iluminaba desde la distancia adornado de 4 fuentes cantarinas y un millar de
peces multicolores que danzan al compás del suave cántico de las sirenas que
rodean la montaña submarina donde está asentado el majestuoso castillo azul de
paredes de cristal que se articulan en cuatro perfectas torres; la primera
torre está construida con piedras
turquesa y es la torre la de la fe; la
segunda torre está construida de ricas baldosas en lapislázuli y es la torre de
la justicia; la que está adornada de
ladrillos de jaspe es la de la esperanza la cuarta es la torre del amor en cuya
sala se destaca el retrato de la virgen María y la
quinta y última es la torre de la fidelidad, rematada con piedras
transparentes de topacio azul.
Mientras el niño caminaba maravillado por los
exóticas galerías y corredores a su paso su atención se veía atraída por
muebles de edad renacentista ricos tapices, porcelanas decoradas en oro y majestuosos muebles de
maderas relucientes y aromatizadas, tapices armaduras, galerías de pinturas clásicas
y medievales abundaban los salones y corredores de las galerías del castillo
azul.
Una a
una entraba en las torres guiado de un pajecillo que llevaba un bonete de color
rojo unos zapatitos terminados en punta respingada hacia a arriba y una
chaquetita roja ribeteada de vivos azules.
En una
de las torres en la de la verdad, en la
cúpula se destacaba una un epígrafe que decía así: “la verdad es el camino de
la sabiduría quien busque la verdad debe guiarse por el camino de los sabios que en el mundo
han sido y que han de perdurar por todos los tiempos en que la humanidad exista.
En la torre de la esperanza está escrita una profecía. “Este
mundo tal como lo conocemos desapareará para dar paso a otro allanado por la
codicia y la desesperanza, las fuerzas de las bajas pasiones humanas vencerán
la inocencia de las nuevas generaciones venideras que se dejarán llevar
por un tortuoso camino; el de la perdición; la decadencia hará sucumbir
a la humanidad”
Luego
de leer esta sentencia una voz se escuchó desde una especie de oráculo que
yacía desde la majestuosidad del retrato de la virgen María: Antes de finalizar
la caminata el pajecillo hizo que el niño guiara su atención al retrato de la
virgen se acercó lentamente, con pasos temblorosos, cuando escucho estas
palabras. “Te mando que seas valiente y confíes en
la fuerza de la divinidad celestial” y el oráculo prosiguió: Día llegará en que
la humanidad haya perdido su condición reflexiva, pueblo contra pueblo se
levantará, se habrá perdido para siempre la cordura y el respeto. El
hombre rendirá tributo al mostro que ensombrece lamente y lo sacará de su
realidad llevándolo a los abismos insondables de la fantasía que hará perecer a
la humanidad, entonces el hombre se perderá así mismo en perjuicio de su noble
naturaleza y su sensatez.
Pero saldrá de las márgenes del rio de la vida
un infante que destruirá al monstro de los doce vicios que tiene atado el mal a
la humanidad, y cambiará la noche negra en un alegre y diáfano despertar no sin
antes establecer una épica batalla entre el bien y el mal.
En
esta la torre de la esperanza fue que el niño recibió la lección que le guiaría
por el resto de su vida. El pajecillo entregó al niño un amuleto diciéndole:
toca e invoca el amuleto y recibirás
ayuda cuando te enfrentares al peligro más poderoso y desconocido para ti.
Por
más que parezca que las nubes negras irrumpan en los momentos de tú vida, sigue
adelante, lucha sobrevive, mira como las noches siguen a los días y las
alondras vuelven a trinar después de su noche de tormenta. El pajecillo le
advirtió por última vez:
- Cuando
llegues a casa toca el amuleto y recibirás ayuda, luego desapareció para
siempre por entre las paredes de jaspe de la torre de la esperanza. Pero antes
deberás encontrar el conjuro con el que enfrentarás al animal.
Así fue como el niño
debió volver a la aldea; pero sucede que allí ya habían pasado mucho, muchísimo
tiempo;
él seguía siendo un un púber de 11 años, pero la aldea antes pintoresca y
apacible, llena de barcas y humildes pescadores se había transformado en una
metrópolis de gigantes proporciones producto del desarrollo tecnológico que el
hombre pregona como símbolo de progreso universal allí, se asentaba una civilización en decadente ruina moral corroída por los vicios
de la droga, el dinero la mentira y la lujuria;
Entonces comprendió que mientras estaba
invitado al castillo azul, allí el tiempo se había detenido para aleccionar al
único ser sobre la tierra que salvara a la humanidad de su fatal destino.
Los
hombres de la metrópolis cual zombis pululan por las calles de las grandes
ciudades víctimas de un abuso
inmisericorde de toda clase de drogas
que el vicio las ha transfigurado en cristales y diamantes consumidos vuelcan
la voluntad de los hombres que dopados
en un estado de anestesia dobla
la voluntad del espíritu despertando el instinto animal del ser. El niño se encuentra absorto ante tan cruel realidad;
sabe que tiene un deber que cumplir y se
invoca al poder de la sirena mientras camina hacia el lugar donde un día fue la
humilde choza de su abuelo; para su sorpresa, el muchacho encuentra los restos
de lo que fue su morada pero ahora lo habitan los zombis; esta dispuesto a
entrar pero una voz, le detiene es un hombre cuerdo de los pocos que quedan en
la ciudad. Le dice: “no, no entres allí, te perderás para siempre”. Sin embargo
lo hace el muchacho no les teme, mantiene una fuerza de voluntad
inquebrantable, los zombis, por un instante parecen intimidar al niño, este los
enfrenta y con su sola mirada los zombis quedan dominados por el poder
celestial con el que el niño esta envestido. El viejo baúl aún está allí, en su sitio, un adicto lo
ocupaba como asiento; el niño lo abre
con prestancia, busca en su interior,
toma un libro donde está grabado una cruz de oro, lo abre en un
versículo que dice” pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el
espíritu santo y me seréis testigo en todo Jerusalén en Judea en Samaria y
hasta lo último de la tierra” es del libro de Los hechos de los apóstoles 1:8
Allí, entre su hojas se encuentra esperando ser recogido en un pequeño papelito
doblado en cuatro cuartillas el conjuro
que acabara con el pérfido mostro de la ciudad.
Un monstro de 12 cabeza que representa los
doce vicios de la humanidad ruge ante la presencia del muchacho, los dos se
enfrentan en el estadio de la ciudad, en niño no le teme al monstro, porque se
siente fortalecido en las cuatro virtudes: el amor, la verdad la esperanza y la
fidelidad que le cobijan y sabe que el
mostro sucumbirá ante el poder de la divinidad con la que está protegido.
En su afán de provocarle temor al niño, el
mostro ruge y con su enorme cola que avienta por todos lados destruye casas y
edificios, los ríos se desbordan los hombres no parecen entender lo que sucede,
están somnolientos y vagabundean por las calles y las avenidas de la ciudad,
los pocos cuerdos que se asoman desde
sus refugios sacan sus cabezas para mirar tan desigual batalla que tiene
que enfrentar el mostro y el niño de 11 años.
La bestia encolerizada emite alaridos cada vez
más profundos con sus descomunales ojos extraviados y ensangrentados enfrenta
al pobre y aparente débil muchacho, este lo mira con apacible ademan lleva la
mano a su talismán, y un hálito azul parece dibujarse en toda la atmosfera de
la gran ciudad, los ríos se calman y los hombres y mujeres que marchan como zombis,
por los efectos de las duras drogas en las calles y avenidas se detiene por un
momentos y encuentran cordura se identifican unos con otros y se prestan
ayuda el mostro ruge por última vez en
el momento que el niño increpa al monstro diciendo el conjuro que le fue
recomendado en el castillo azul; mostrando el amuleto con su mano levantada
diciendo esto al mismo tiempo: “doce cabezas fundidas en una de piedra se
desmoronará bajo el poder celestial de
la princesa que habita en el castillo azul” y cae desplomándose contra las
paredes del estadio que se desploman estrepitosamente junto con el mostro.
La
multitud, coge al niño entre sus hombros y lo llevan al palacio de la ciudad
donde le espera una bella muchacha de ojos vivos y azules con na cabellera que
le llega hasta sus delicados y finos pies con quien reinara por el resto de sus
días entre la dicha, el amor la fe y la esperanza.
Este cuento me gusto mucho por que el cuento redacta cosas muy importantes como :el amor y la esperanza valores que día a día se están perdiendo en este mundo y debemos practicar cada una de ellas para llenar este mundo de amor y paz ,,,,
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarEste cuento me gusto mucho por que el cuento redacta cosas muy importantes como :el amor y la esperanza valores que día a día se están perdiendo en el amor y la paz
ResponderEliminarpara mi el cuento relata aventura con ser mitico de las profundidades como la sirena ademas hace que este cuento inspire a los aventureros ver mas alla que aventura si no de amor esperanza y paz
ResponderEliminarpara mi el cuento relata aventura con ser mitico de las profundidades como la sirena ademas hace que este cuento inspire a los aventureros ver mas alla que aventura si no de amor esperanza y paz
ResponderEliminarpara mi el cuento relata aventura con ser mitico de las profundidades como la sirena ademas hace que este cuento inspire a los aventureros ver mas alla que aventura si no de amor esperanza y paz
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarme pareció muy lindo el cuento porque en si habla de valores muy importantes que ahora están desapareciendo como la fe el amor y la esperanza y eso jamas tendría que quedar atrás, ya que es lo que cada día se debe vivir.
ResponderEliminarvivir con amor, vivir con fe y vivir sin perder la esperanza