Próximos a escribirse:
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La carrera
final
El avión presidencial
estrellado.
Los tres sueños.
La
tarde era gris, una bruma fastidiosa mermaba las fuerzas del espíritu que calaban
en el ánimo del pobre hombre y se esparcía por toda la atmósfera de la ciudad, nada
dejaba ver la densa niebla que cubría desde sus ojos hasta la acera de
enfrente. De pie frente a la puerta de la casa de sus padres no sabía que o a
quien esperaba, tampoco esperaba ningún acontecimiento especial ese día fastidioso.
Parecía
el alma diluirse en agua turbia enfermando el corazón y el espíritu.
Esa tarde el hombre estaba de pasada por
aquella casa donde un día fue feliz en su niñez trepando junto con sus hermanos
menores el frondoso árbol de
chirimoya que quedaba en la parte de
atrás de la casa grande. Esos días veraniegos de sol y alegría los extrañaba
desde siempre, se acordó de cuando se treparon al otro lado a una huerta vecina
a robar aguacates y luego fueron vendidos por unos cuantos centavos que se hicieron
muchos al contarlos y de esa ocasión en que jugaron él y sus hermanos a ser
unos ricos comerciantes como su padre lo era en ese entonces o de esa noche cuando
hicieron fritada en una improvisada chanchera abandonada en el terreno al final
de su casa ya jóvenes todos se reunieron
y terminaron libando y tocando guitarra con un místico con cara de extranjero y
unas dos o tres jovencitas alocadas.
Frente a su casa, se encontraba la pequeña
tienda de calzado de su amigo, un hombre de unos 80 años que trabajaba
satisfactoriamente reparando el calzado de sus innumerables clientes de la
ciudad, cariñosamente sus amigos lo llamaban “el sancudo” por lo delgado de sus
carnes, sus largos brazos y piernas y por su reducida cabeza siempre que el hombre podía se daba tiempo
para visitar a su amigo el sancudo no solo era su amigo sino que además llevaba
una mistad con el padre de este hombre
por más de cuarenta, años. Este fulano gustaba de charlar cosas que suelen
contar los hombres viejos: sus glorias pasadas, sus aventuras juveniles y de
cómo se abrieron paso en la dura tarea
de criar a sus hijos; al hombre le interesaba charlar con este señor, porque
sabía que una rica experiencia como la suya, le serviría para tomar las decisiones
correctas cuando las circunstancias lo ameritaban. No se percató el hombre que de entre la
niebla, empezaba a aparecer la trompa de una furgoneta que se acercaba desde la
calzada hacia la el filo de la vereda para apostarse enfrente del hombre que
permanecía de pie, junto a su casa al fin pudo ver la furgoneta completa en medio
de la oscuridad ya caída la tarde, de la puerta del copiloto salía el negro
Salazar, el hombre de 80 años, llevaba prisa por el ademán de abrir la puerta
de la furgoneta y dirigirse directamente
a la puerta de la casa de mis padres, también pude ver sin mirar los rostros de
otras abigarradas personas que acompañaban al negro Salazar en el interior de
la furgoneta, eran personas vestidas de negro, pero la niebla de la crecida
tarde no dejaba distinguir quienes era, no tenían rostro. Mi sorpresa fue en
aumento porque al percatarme de quien salía del coche era nada menos que un
hombre muerto ya hace unos cuatro o cinco meses, si porque don Salazar había
fallecido de un fulminante paro cardiaco en el momento en que se agachaba a
cerrar las puertas de su tienda de calzado,
Ya
no tomaba en cuenta para la fecha cuantos hombres habían fallecido por varias
razones: compañeros de trabajo, unos más llevados que otros, sin tomar en
cuenta que hacía un año había perdido la vida su sobrino, un chico de futuro
prometedor quien murió a causa de un accidente aviatorio, el muchacho tomo el
turno de otro piloto que debía volar ese día por lo que “El Beto termino sus
sueños en los cielos de Taihsa” al estrellarse su avioneta después de unos
minutos de despegar, sin causa aparente y consigo terminaron los sueños de 4
profesionales de la salud del Ecuador y del extranjero como decía la primera
plana del periódico local.
Jamás
había visto el hombre paralizada a una
persona del dolor y del espanto: era la madre del muchacho al saber el deceso
de su hijo con el que en el futuro contaría para ver crecer a su nieto que le
daría al procrear con su joven novia comprometidos días antes de su muerte para casamiento.
Contaba también la vida de aquel hombre que
había venido desde España a posesionarse como profesor de planta de la
institución, se hicieron grandes amigos, solían charlar larguísimos ratos,
paseaban por la ciudad, en ratos libres al hombre le encantaba saber de cómo un
inmigrante en otro país se busca la vida. Sus vivencias eran realmente de otro
mundo no solo tomaba el mejor vino y degustaba los mejores platillos tropicales
de mesas gourmet o su mentado “jamón pata negra” que dejaban como remanente los hombres
adinerados de las Islas Canarias sino que también habría zanjas de dos metros
trabajado como albañil calándole el frio del invierno en largas y extenuantes
jornadas, pero siempre tenía un fino sentido del humor y un temperamento
fuerte, un hombre disciplinado y directo. Este otro muerto se llamaba German, y
lo que le impresionó de su muerte es su
fortaleza física a sus 63años, trotaba, caminaba, hacia natación y ejercicios en el gimnasio de su casa, donde
le esperaba una mujer joven de unos 35 con quien estaba casado y su hija quien
aún no terminaba el 3ro de bachillerato. Un dia el tipo se despidió, de todos
como pudo de día en día uno por uno en el colegio sin articular palabra de su
mortal enfermedad: cáncer al colon.
El día que le invitó a tomarse un té en su
hermosa y bien distribuida casa decorada con muebles clásicos de ricas maderas en
donde nada hacía falta, y todo estaba dispuesto como para permanecer una vida
entera cómodos y a satisfacción familiar le dijo, mira flaco, “yo tengo una
relación maravillosa, y se jactaba de ello y era cierto porque el hombre amaba
entrañablemente a su familia; se veía eternamente feliz cuando llegaba al seno
de su hogar de no ser por el cáncer que le quito su vida a los tres meses de
enterarse de su enfermedad.
Así
el hombre estaba quedándose sin amigos, su familia contaba muy poco a la sazón
todos sus hermanos estaban pendientes de sus propia vida y nad[D1] a les
importaba lo que pensara o sentiría el hombre que se encontraba conversando con
los muertos a falta del contacto con los vivos.
Un
día su madre que vivía unas dos cuadras de la casa de este hombre solía salir por las noches, aun
temprano llegaba al puesto de ventas de comida rápida que tenía el hombre; allí
su madre tomaba un poco de aire antes de irse a dormir al hombre le quedaba el deber
de acompañar del brazo a su anciana madre que estaba ya bastante enferma y su
caminar era lento y tortuoso.
No
se explicaba por qué su madre le visitaba por las noches y se hacía llevar del
brazo de su hijo de vuelta a casa.
Pasaron
los días desde que su madre llegó tal cual como se estaba haciendo costumbre al
restaurante de comida rápida del hombre.
Su
padre, un hombre que frisaba sus 86 años, de porte esbelto cabellera cana y
brillante como la plata pura su torso y sus extremidades se acoplaban
perfectamente en armoniosa figura dándole un aire de juventud regalada al
caminar, sus costumbre de ir y venir de su tienda de ternos para caballero que
administraba con profesionalismo durante 60 años día tras día le hicieron fama porque a pesar de su edad su
vigor se notaba al caminar derecho y placido por las calles de la ciudad, tomaba su
bicicleta y los fines de semana solía ir a ver a los jugadores jóvenes en la
cancha del parque donde le esperaban sus amigos, ya no jugaba, pero departía
con los más veteranos que asistían a las rondas deportivas; cuando joven el padre del hombre fue un deportista consumado de la pelota de
mano y del ecuaboley sin contar con las obligadas caminatas que tomaban la
mitad de un día y parte de la noche partir desde Otavalo hasta su tierra de
Intag en su servicio de acólito en la iglesia de la parroquia.
Un día su padre le contó a su hijo con
resentimiento, una noche en que llovía: toqué la puerta de una pequeña cabaña,
para que me dieran posada, salió un indígena, me miro ensopado por la lluvia y
me negó posada, la noche era oscura y no se podía ver nada, más adelante estaba
otra casa era de mi compadre, pero él no estaba esa noche en casa no tuve más
remedio que seguir caminando hasta que amaneciera el día.
Visto así su padre era un hombre de mil
batallas, hacía gala de una salud
envidiable aún para sus hijos que adolecíamos de achaques repetitivos e
incurables. En su alimentación su padre no se cuidaba de comida alguna, pues
nada parecía hacerle daño y más bien lo que consumía parecía hacerle buen
provecho. En casa los platillos que degustaba eran de lo mejor, las hijas de su
padre le complacían en todos su gustos y hasta cuando era agasajado con paseos
en los fines de semana no faltaban las comidas al paso en los puestos de ricas
fritadas o de cualquier tipo de carnes alas que era el invitado especial de sus
hijas acompañadas de su consortes, pues constituían su padre el orgullo de la
familia porque siempre estaba dispuesto a departir en cualquier festejo dentro o fuera de casa.
Como
era costumbre visitar a la familia , el hombre se acercó a su casa, con la
intención de saludar a su padre y saber cómo se encontraba su estado de ánimo,
era entrada la noche y lo único que le motivaba entrar a la casa de su familia
era saludar a su padre porque
consideraba que era un deber de hijo saludar con su padre; así lo hizo, abrió
la puerta de la alcoba paterna, siguió a su interior, se dirigió hacia la cama
donde este descansaba pero para su sorpresa, no vio esa noche allí a su padre,
y en su lugar vio a su tío hermano de su padre y que estaba de lo más jovial
posible, reía con naturalidad con sus dientes blanquísimos como perlas y su bigote
cortado finísimo su cabellos ondulados y castaños, llevaba un sombrerito de copa baja hecho en paja
toquilla ; como lo usados en las costas de panamá, hablaba con soltura y
actitud festiva, mientras hablaba dirigiéndose al hombre a manera de saludo
tocó el ala del sombrero en ademan de coquetería fina; el hombre trataba con
mucho esfuerzo entenderlo , pero era inútil, a pesar que sabía que su tío tenía
un léxico bien articulado por sus continuo viajes por el país, su acento era de
un costeño algo así como un montubio vivaracho y soñador. Se jactaba en vida de
ser un traficante exitoso del aguardiente destilado ilegalmente en las zonas de
una tierra prodiga pero accidentada; el tío sorteaba valles y montañas en el
transcurso de las madrugadas para sacar el dulce aguardiente de las montañas a
la ciudad Así lo vio el hombre impresionado
por su juventud y su temprana desaparición, víctima de una caída allá en su
tierra de intag, murió al caer de las gradas de su casa tratando de subir a su
alcoba enteramente borracho. El hombre
se sobrepone a la impresión y le dice: “voy a rezar por usted, tio ,
usted ya está muerto”, con otra sonrisa el tío se despide y el hombre abandona la habitación.
Así
pasaron y pasaron los días entre sueños poco predecibles y la triste enfermedad
de su madre, su ingesta de medicamentos era traumática, las continuas
inyecciones de insulina, la estaban dejando delgada y poco a poco sus fuerzas
decaían; ahora era la viejecita que yacía en su cama descansando y comiendo
solamente sopitas diluidas y con poca proteína.
Era domingo, y se acercó a la casa de su madre
a ofrecerle dar un paseo por la laguna que quedaba cerca de la ciudad, así lo
hizo y vio a su madre un tanto recuperada, entonces le dijo, “quiere salir,
está con ganas de salir a dar una vuelta”, a lo que respondió que si, entonces el hombre se quedó esperando a que su hermana
salga con su madre para pasear por la tarde, pero no fue así , su hermana salió
un tanto preocupada y mal humorada al mismo tiempo diciendo, ven ayúdame mamá sufrió
un desmayo, entro a casa y la encuentro al pide su cama en completo estado de
desvanecimiento, el hombre le pidió a su hermana paciencia para poder ayudar a
su madre que quedo en la cama como un manojo de piel y huesos recostados.
Pasaron
los días y el hombre ha vuelto a casa de su padre porque era menester sacarle a
pasear porque a los pocos días del primer sueño su madre ya había fallecido sin
tiempo a despedirse del hombre porque su permanencia en el hospital fue rápida
y luego de haberse levantado un rato de su cama volvió a acostarse para no volver
a levantarse debido a un paro cardiaco que apenas dio tiempo a las enfermeras a
pretender resucitarle con masajes a su adolorido y martirizado corazón víctima de las constantes
preocupaciones de una madre que no ha logrado ver a sus hijos entenderse con
las cosas más sensibles de la vida, la desdicha el dolor y el desamor de los
demás son cosas que el corazón cansado de una madre no puede resistir.
Salió
el hombre con su padre en dirección al lago donde el aire era más puro, y
contando con el semblante sano de su padre charlaron de los sueños que el hijo
aún no alcanzaba a cumplir y como estos sueños no implicaban ningún compromiso
para el padre, entonces el hijo dio rienda suelta a una entretenida charla de
adultos; le contó que siempre ha querido viajar más allá de las fronteras de su
patria; los dos estaban sentados en el tronco de un árbol caído en el césped, y
por primera vez el hijo estaba disfrutando de su padre porque el tono de la
charla se volvía agradable y comprensible, el hijo le contó a su padre que una
hermosa mujer estaba en tierras lejanas y que en 12 años de ausencia aún tenía
la esperanza de volver a verla charlar amenos
y revivir viejos recuerdos de una vida corta
en la compartieron tiernos amores el hombre tomaría el primer avión al
terminar el año escolar pues el hombre era profesor en un colegio y contaba los
días para que llegue el momento de embarcarse e irse en búsqueda de su vida
pasada, ya había tenido un intento de viaje anterior y había fracasado por
el envió de una carta mal redactada de
invitación mientras le contaba esto a su
padre, este lo alentaba con sanos consejos diciéndole que un hombre debe
terminar lo que empieza y si esto su hijo lo quería hacer, debía terminarlo
pese a cualquier adversidad que se oponga en el camino al terminar la charla el
hombre sintió que había charlado con un amigo al cual había echado de menos
casi siempre y ahora se complacía de haberle hecho partícipe de una
decisión que solo uno de sus mejores
amigos la aprobaría.
La
mujer que estaba en España, había
respondido positivamente al deseo del hombre enviándole una carta de invitación
debidamente autentificada por la policía española en Madrid.
Aquel
hijo cuya madre había fallecido hace un mes y quince días, acudió a contarle la
noticia a su padre algo así como queriéndole hacer cómplice de una aventura en la que su
hijo se embarcaría, pero no pudo a cambio, recibió la noticia de que su a padre
estaba internado en el hospital de la ciudad, apenas sabido el hecho el hombre
acudió al hospital, vio a su padre consciente todavía y este al verlo, le
tendió la mano para asirse a la del hijo que no creía ver a su padre moribundo
en una camilla de hospital con sus ojitos apagados respirando artificialmente.
Ya no pudo el hombre consolarse con su padre y decirle que estaba a punto de
cumplir con sus sueños, se acercó a su oído y le dijo simplemente: no se
preocupe papá le estamos llevando a Quito a buscar un especialista que le va a
curar para que ponga sanito, lo apremiante del momento hizo que el hijo saliera
de la salita de emergencias,
Que
si me preguntan que mi madre se llevó a mi padre digo que sí porque los seres
humanos que trascendemos al más allá sabemos que continuar en la tierra sin la
compañía de su gran amor no podemos continuar con el corazón en la mano
queriendo encontrar en la soledad de la noche el lado frio de la cama que deja
la ausencia de un amor amasado con lágrimas por más de 60 años.
Los tres
sueños.
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