domingo, 5 de abril de 2015

Los tres sueños. uno mas parte de la coleccion de la sirena








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La carrera final 
El avión presidencial estrellado.

Los tres sueños.


La tarde era gris, una bruma fastidiosa  mermaba las fuerzas del espíritu que calaban en el ánimo del pobre hombre y se esparcía por toda la atmósfera de la ciudad, nada dejaba ver la densa niebla que cubría desde sus ojos hasta la acera de enfrente. De pie frente a la puerta de la casa de sus padres no sabía que o a quien esperaba, tampoco esperaba ningún acontecimiento especial ese día fastidioso.
Parecía el alma diluirse en agua turbia enfermando el corazón y el espíritu.

 Esa tarde el hombre estaba de pasada por aquella casa donde un día fue feliz en su niñez trepando junto con sus hermanos menores el frondoso  árbol de chirimoya  que quedaba en la parte de atrás de la casa grande. Esos días  veraniegos de sol y alegría los extrañaba desde siempre, se acordó de cuando se treparon al otro lado a una huerta vecina a robar aguacates y luego fueron vendidos por unos cuantos centavos que se hicieron muchos al contarlos y de esa ocasión en que jugaron él y sus hermanos a ser unos ricos comerciantes como su padre lo era en ese entonces o de esa noche cuando hicieron fritada en una improvisada chanchera abandonada en el terreno al final de su casa  ya jóvenes todos se reunieron y terminaron libando y tocando guitarra con un místico con cara de extranjero y unas dos o tres jovencitas alocadas.

 Frente a su casa, se encontraba la pequeña tienda de calzado de su amigo, un hombre de unos 80 años que trabajaba satisfactoriamente reparando el calzado de sus innumerables clientes de la ciudad, cariñosamente sus amigos lo llamaban “el sancudo” por lo delgado de sus carnes, sus largos brazos y piernas y por  su reducida cabeza  siempre que el hombre podía se daba tiempo para visitar a su amigo el sancudo no solo era su amigo sino que además llevaba una mistad con el padre  de este hombre por más de cuarenta, años. Este fulano gustaba de charlar cosas que suelen contar los hombres viejos: sus glorias pasadas, sus aventuras juveniles y de cómo se abrieron  paso en la dura tarea de criar a sus hijos; al hombre le interesaba charlar con este señor, porque sabía que una rica experiencia como la suya, le serviría para tomar las decisiones correctas cuando las circunstancias lo ameritaban.  No se percató el hombre que de entre la niebla, empezaba a aparecer la trompa de una furgoneta que se acercaba desde la calzada hacia la el filo de la vereda para apostarse enfrente del hombre que permanecía de pie, junto a su casa al fin pudo ver la furgoneta completa en medio de la oscuridad ya caída la tarde, de la puerta del copiloto salía el negro Salazar, el hombre de 80 años, llevaba prisa por el ademán de abrir la puerta de la  furgoneta y dirigirse directamente a la puerta de la casa de mis padres, también pude ver sin mirar los rostros de otras abigarradas personas que acompañaban al negro Salazar en el interior de la furgoneta, eran personas vestidas de negro, pero la niebla de la crecida tarde no dejaba distinguir quienes era, no tenían rostro. Mi sorpresa fue en aumento porque al percatarme de quien salía del coche era nada menos que un hombre muerto ya hace unos cuatro o cinco meses, si porque don Salazar había fallecido de un fulminante paro cardiaco en el momento en que se agachaba a cerrar las puertas de su tienda de calzado,   
Ya no tomaba en cuenta para la fecha cuantos hombres habían fallecido por varias razones: compañeros de trabajo, unos más llevados que otros, sin tomar en cuenta que hacía un año había perdido la vida su sobrino, un chico de futuro prometedor quien murió a causa de un accidente aviatorio, el muchacho tomo el turno de otro piloto que debía volar ese día por lo que “El Beto termino sus sueños en los cielos de Taihsa” al estrellarse su avioneta después de unos minutos de despegar, sin causa aparente y consigo terminaron los sueños de 4 profesionales de la salud del Ecuador y del extranjero como decía la primera plana del periódico local.

Jamás había visto el hombre  paralizada a una persona del dolor y del espanto: era la madre del muchacho al saber el deceso de su hijo con el que en el futuro contaría para ver crecer a su nieto que le daría al procrear con su joven novia comprometidos días  antes de su muerte para casamiento.

 Contaba también la vida de aquel hombre que había venido desde España a posesionarse como profesor de planta de la institución, se hicieron grandes amigos, solían charlar larguísimos ratos, paseaban por la ciudad, en ratos libres al hombre le encantaba saber de cómo un inmigrante en otro país se busca la vida. Sus vivencias eran realmente de otro mundo no solo tomaba el mejor vino y degustaba los mejores platillos tropicales de mesas gourmet o su mentado “jamón pata negra”  que dejaban como remanente los hombres adinerados de las Islas Canarias sino que también habría zanjas de dos metros trabajado como albañil calándole el frio del invierno en largas y extenuantes jornadas, pero siempre tenía un fino sentido del humor y un temperamento fuerte, un hombre disciplinado y directo. Este otro muerto se llamaba German, y lo que le impresionó  de su muerte es su fortaleza física a sus 63años, trotaba, caminaba, hacia natación  y ejercicios en el gimnasio de su casa, donde le esperaba una mujer joven de unos 35 con quien estaba casado y su hija quien aún no terminaba el 3ro de bachillerato. Un dia el tipo se despidió, de todos como pudo de día en día uno por uno en el colegio sin articular palabra de su mortal enfermedad: cáncer al colon.
 El día que le invitó a tomarse un té en su hermosa y bien distribuida casa decorada con muebles clásicos de ricas maderas en donde nada hacía falta, y todo estaba dispuesto como para permanecer una vida entera cómodos y a satisfacción familiar le dijo, mira flaco, “yo tengo una relación maravillosa, y se jactaba de ello y era cierto porque el hombre amaba entrañablemente a su familia; se veía eternamente feliz cuando llegaba al seno de su hogar de no ser por el cáncer que le quito su vida a los tres meses de enterarse de su enfermedad.

Así el hombre estaba quedándose sin amigos, su familia contaba muy poco a la sazón todos sus hermanos estaban pendientes de sus propia vida y nad[D1] a les importaba lo que pensara o sentiría el hombre que se encontraba conversando con los muertos a falta del contacto con los vivos.

Un día su madre que vivía unas dos cuadras de la casa de  este hombre solía salir por las noches, aun temprano llegaba al puesto de ventas de comida rápida que tenía el hombre; allí su madre tomaba un poco de aire antes de irse a dormir al hombre le quedaba el deber de acompañar del brazo a su anciana madre que estaba ya bastante enferma y su caminar era lento y tortuoso.
No se explicaba por qué su madre le visitaba por las noches y se hacía llevar del brazo de su hijo de vuelta a casa.
Pasaron los días desde que su madre llegó tal cual como se estaba haciendo costumbre al restaurante de comida rápida del hombre.

Su padre, un hombre que frisaba sus 86 años, de porte esbelto cabellera cana y brillante como la plata pura su torso y sus extremidades se acoplaban perfectamente en armoniosa figura  dándole un aire de juventud regalada al caminar, sus costumbre de ir y venir de su tienda de ternos para caballero que administraba con profesionalismo durante 60 años día tras día  le hicieron fama porque a pesar de su edad su vigor se notaba al caminar derecho y  placido por las calles de la ciudad, tomaba su bicicleta y los fines de semana solía ir a ver a los jugadores jóvenes en la cancha del parque donde le esperaban sus amigos, ya no jugaba, pero departía con los más veteranos que asistían a las rondas deportivas; cuando joven el  padre del hombre  fue un deportista consumado de la pelota de mano y del ecuaboley sin contar con las obligadas caminatas que tomaban la mitad de un día y parte de la noche partir desde Otavalo hasta su tierra de Intag en su servicio de acólito en la iglesia de la parroquia.

 Un día su padre le contó a su hijo con resentimiento, una noche en que llovía: toqué la puerta de una pequeña cabaña, para que me dieran posada, salió un indígena, me miro ensopado por la lluvia y me negó posada, la noche era oscura y no se podía ver nada, más adelante estaba otra casa era de mi compadre, pero él no estaba esa noche en casa no tuve más remedio que seguir caminando hasta que amaneciera el día.

 Visto así su padre era un hombre de mil batallas,  hacía gala de una salud envidiable aún para sus hijos que adolecíamos de achaques repetitivos e incurables. En su alimentación su padre no se cuidaba de comida alguna, pues nada parecía hacerle daño y más bien lo que consumía parecía hacerle buen provecho. En casa los platillos que degustaba eran de lo mejor, las hijas de su padre le complacían en todos su gustos y hasta cuando era agasajado con paseos en los fines de semana no faltaban las comidas al paso en los puestos de ricas fritadas o de cualquier tipo de carnes alas que era el invitado especial de sus hijas acompañadas de su consortes, pues constituían su padre el orgullo de la familia porque siempre estaba dispuesto a departir en cualquier  festejo dentro o fuera de casa.

Como era costumbre visitar a la familia , el hombre se acercó a su casa, con la intención de saludar a su padre y saber cómo se encontraba su estado de ánimo, era entrada la noche y lo único que le motivaba entrar a la casa de su familia era saludar a su padre  porque consideraba que era un deber de hijo saludar con su padre; así lo hizo, abrió la puerta de la alcoba paterna, siguió a su interior, se dirigió hacia la cama donde este descansaba pero para su sorpresa, no vio esa noche allí a su padre, y en su lugar vio a su tío hermano de su padre y que estaba de lo más jovial posible, reía con naturalidad con sus dientes blanquísimos como perlas y su bigote cortado finísimo su cabellos ondulados y castaños, llevaba  un sombrerito de copa baja hecho en paja toquilla ; como lo usados en las costas de panamá, hablaba con soltura y actitud festiva, mientras hablaba dirigiéndose al hombre a manera de saludo tocó el ala del sombrero en ademan de coquetería fina; el hombre trataba con mucho esfuerzo entenderlo , pero era inútil, a pesar que sabía que su tío tenía un léxico bien articulado por sus continuo viajes por el país, su acento era de un costeño algo así como un montubio vivaracho y soñador. Se jactaba en vida de ser un traficante exitoso del aguardiente destilado ilegalmente en las zonas de una tierra prodiga pero accidentada; el tío sorteaba valles y montañas en el transcurso de las madrugadas para sacar el dulce aguardiente de las montañas a la ciudad  Así lo vio el hombre impresionado por su juventud y su temprana desaparición, víctima de una caída allá en su tierra de intag, murió al caer de las gradas de su casa tratando de subir a su alcoba enteramente borracho. El hombre  se sobrepone a la impresión y le dice: “voy a rezar por usted, tio , usted ya está muerto”, con otra sonrisa el tío se despide  y el hombre abandona la habitación.


Así pasaron y pasaron los días entre sueños poco predecibles y la triste enfermedad de su madre, su ingesta de medicamentos era traumática, las continuas inyecciones de insulina, la estaban dejando delgada y poco a poco sus fuerzas decaían; ahora era la viejecita que yacía en su cama descansando y comiendo solamente sopitas diluidas y con poca proteína.

 Era domingo, y se acercó a la casa de su madre a ofrecerle dar un paseo por la laguna que quedaba cerca de la ciudad, así lo hizo y vio a su madre un tanto recuperada, entonces le dijo, “quiere salir, está con ganas de salir a dar una vuelta”, a lo  que respondió que si, entonces  el hombre se quedó esperando a que su hermana salga con su madre para pasear por la tarde, pero no fue así , su hermana salió un tanto preocupada y mal humorada al mismo tiempo diciendo, ven ayúdame mamá sufrió un desmayo, entro a casa y la encuentro al pide su cama en completo estado de desvanecimiento, el hombre le pidió a su hermana paciencia para poder ayudar a su madre que quedo en la cama como un manojo de piel y huesos recostados. 

Pasaron los días y el hombre ha vuelto a casa de su padre porque era menester sacarle a pasear porque a los pocos días del primer sueño su madre ya había fallecido sin tiempo a despedirse del hombre porque su permanencia en el hospital fue rápida y luego de haberse levantado un rato de su cama volvió a acostarse para no volver a levantarse debido a un paro cardiaco que apenas dio tiempo a las enfermeras a pretender resucitarle con masajes a su adolorido y martirizado  corazón víctima de las constantes preocupaciones de una madre que no ha logrado ver a sus hijos entenderse con las cosas más sensibles de la vida, la desdicha el dolor y el desamor de los demás son cosas que el corazón cansado de una madre no puede resistir.

Salió el hombre con su padre en dirección al lago donde el aire era más puro, y contando con el semblante sano de su padre charlaron de los sueños que el hijo aún no alcanzaba a cumplir y como estos sueños no implicaban ningún compromiso para el padre, entonces el hijo dio rienda suelta a una entretenida charla de adultos; le contó que siempre ha querido viajar más allá de las fronteras de su patria; los dos estaban sentados en el tronco de un árbol caído en el césped, y por primera vez el hijo estaba disfrutando de su padre porque el tono de la charla se volvía agradable y comprensible, el hijo le contó a su padre que una hermosa mujer estaba en tierras lejanas y que en 12 años de ausencia aún tenía la esperanza de volver a  verla charlar amenos y revivir viejos recuerdos de una vida corta  en la compartieron tiernos amores el hombre tomaría el primer avión al terminar el año escolar pues el hombre era profesor en un colegio y contaba los días para que llegue el momento de embarcarse e irse en búsqueda de su vida pasada, ya había tenido un intento de viaje anterior y había fracasado por el  envió de una carta mal redactada    de invitación  mientras le contaba esto a su padre, este lo alentaba con sanos consejos diciéndole que un hombre debe terminar lo que empieza y si esto su hijo lo quería hacer, debía terminarlo pese a cualquier adversidad que se oponga en el camino al terminar la charla el hombre sintió que había charlado con un amigo al cual había echado de menos casi siempre y ahora se complacía de haberle hecho partícipe de una decisión  que solo uno de sus mejores amigos la aprobaría.
La mujer  que estaba en España, había respondido positivamente al deseo del hombre enviándole una carta de invitación debidamente autentificada por la   policía española en Madrid.

Aquel hijo cuya madre había fallecido hace un mes y quince días, acudió a contarle la noticia a su padre algo así como queriéndole  hacer cómplice de una aventura en la que su hijo se embarcaría, pero no pudo a cambio, recibió la noticia de que su a padre estaba internado en el hospital de la ciudad, apenas sabido el hecho el hombre acudió al hospital, vio a su padre consciente todavía y este al verlo, le tendió la mano para asirse a la del hijo que no creía ver a su padre moribundo en una camilla de hospital con sus ojitos apagados respirando artificialmente. Ya no pudo el hombre consolarse con su padre y decirle que estaba a punto de cumplir con sus sueños, se acercó a su oído y le dijo simplemente: no se preocupe papá le estamos llevando a Quito a buscar un especialista que le va a curar para que ponga sanito, lo apremiante del momento hizo que el hijo saliera de la salita de emergencias,  

Que si me preguntan que mi madre se llevó a mi padre digo que sí porque los seres humanos que trascendemos al más allá sabemos que continuar en la tierra sin la compañía de su gran amor no podemos continuar con el corazón en la mano queriendo encontrar en la soledad de la noche el lado frio de la cama que deja la ausencia de un amor amasado con lágrimas por más de 60 años.  




Los tres sueños.




































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