lunes, 18 de marzo de 2019



Cuentos desde la ventana
Fragmentos

La sonrisa de Sofía. y El mundo de ella. "La muñeca"

Día y hora fijadas. ¿Cómo no entender un acto de amor si este ocurre con solo una mirada? Más aún cuando mis emociones han emergido desbordándose a través del cauce aletargando de mis huesos; toda mi sangre que de prisa está hilvanando mi carácter, hace que me sienta liviano al tiempo respirando la calidez de la brisa que viene llegando desde la cinta costera del Pacífico.
Cientos de chalupas de pescadores dispersas en las proximidades de las playas dibujan un lienzo en rosa. El sol, es un botón rojizo suspendido en el horizonte dorado de una tarde ya caída. 
Estoy colgado otra vez en las manos de mi destino y nada impide lo que la voluntad apremia; debo cumplir con la cita. Otra vez tentando a mi suerte, y esta sensación me complace. ¿Crece en mi la expectativa por las aventuras hacia lo incierto?
Acuden las consecuentes preguntas en mi cabeza, que no termino de hacérmelas porque Sofia está a punto de aparecer.
Ella es alguien a quien conocí en Guayaquil cuando la interrumpí   su contemplación hacia el rio. Sofía estaba mirando el pintoresco cerrito de Santa Ana a través de los binoculares dispuestos en la balaustrada del malecón.
Me dejo su nombre como recuerdo y luego desaparecimos los dos en caminos diferentes. De este acercamiento ya ha pasado un año, sin embargo, hemos considerado la posibilidad de encontrarnos otra vez.
El encuentro ocurrió sin previo aviso en la acera del frente. 
La he visto desde la cabina de teléfonos donde estoy torpemente digitando los códigos nuevos que desconozco. Su mirada serena, su caminar acompasado y seguro, un rostro delicado cubre mi atención, no se figuran poses en su actitud ni se evidencia intención de sorpresas, Sus ojos reflejan franqueza y en sus palabras fluye la libertad de lo que quiere expresar.
No hace falta conocerse demasiado, pues una sonrisa dice lo necesario y luego lo que está por empezar es lo que quedara en la cabeza y el corazón. Y los días que nos esperan aún no han acabado.
Nos miramos, un recorrido breve dibuja mi silueta en sus ojos, hice lo mismo; mis facciones entre las suyas denotan complacencia por lo que está ocurriendo. Estamos empezando a conocernos, a darnos lo que llevamos por dentro celosamente guardado.
Está muy cerca de mí; ha sonreído, la calidez y la serenidad vuelven a mi rostro, se acerca y saludamos tibiamente cómplices de un encuentro anunciado y que ya empezaba a desdibujarse en las ondas azules de un mar de tiempo.  
Es que los pasos que marcan mi destino es una paleta de artesano donde estoy mezclándome al azar, desde hace ya varios años, con los colores de la esperanza y la sorpresa.
 Hola Sofia, me alegra verte, temí que no vendrías.
 Que pesar Javier, no   dependía de mi. Tuve que demorarme; estaba a expensas de otras personas que me trajeran a tiempo
 No te imagine así. Estas delgada. Sonríe sin tratar de disculparse, ella es así, y su porte va por encima del mío. Me gusta como se ve.
 Hace calor aquí
 Pura vida, así somos en Costa Rica.
El chofer, que hizo de mi guía todo el tiempo nos espera hasta ponernos de acuerdo en lo que haremos al salir del aeropuerto; es una especie de cómplice y su expectativa crece con la mía.
El mundo de “la muñeca”

Me ha tomado mucho tiempo entender algo que siempre estaba allí, en cada encuentro, en cada mirada apenas halagadora, en cada reacción de lo cotidiano.
Era diferente a lo común o al menos eso aseguraba con determinación.
 Yo no soy ecuatoriana- decía-, nací en Colombia y si juegan Ecuador y Colombia, ¡Qué pena, yo siempre voy a Colombia¡.
Sus días, sus noches y hasta la forma de levantarse para empezar el día, todo era muy suyo sin lugar a objeción. No se preocupaba por demostrarse inteligente, solo era ella en todo lugar y en cualquier núcleo de gentes.
De buena estatura, notábase que en sus años juveniles gozó de un cuerpo muy fino; su delgadez y  talle delicado, hicieron ganarse el nombre falso de “muñeca” entre sus amigos más cercanos.
El amor por los niños jugaba un valor importante en su vida, siempre nada era demasiado para ellos. El amor, el cariño, todo les  entregaba a ellos; sabía hacerles sentir bien y ella se complacía con su ternura, en contraste con su orgullo desmedido que no le permitió gozar a plenitud de la comprensión de los que ya la conocíamos.
Irremisiblemente orgullosa, sentía un falso apego a lo que creía más cerca a lo que la identificaba con su personalidad; en más de una ocasión, nos separábamos durante días, mientras yo me sentía indiferente, ella desmejoraba y se notaba en su semblante. Sin embargo, aseguraba sentirse muy cómoda y en paz en esa soledad.
 

Desprendida cuando de sentirse a comodidad se trataba, se gastaba los lujos que quería y lo primero era para ella una buena mesa.
 La muñeca hacia sus cosas, siempre y cuando la hicieran sentirse bien a su manera. Las leyes que regulan su vida, ella las creaba no las distinguía como éticas o morales, acertadas o perniciosas si las rompía nada pasaba; había días en que negaba la noción de lo correcto, pero era exclusiva y original en sus gustos. Ella creo un mundo habitado solo por ella. No usaba brasier.
Cuando tocábamos el punto de su lugar en el mundo entre lo real y lo quimérico, era asombrosamente convincente; sin embargo, parecía vivir en una burbuja de pensamientos, hechos para su comodidad, desde donde se sentía tranquila, sin tratar de confundirse con el resto de sus mortales.
 Estudiante destacada apreciada por sus maestros que la mimaron siempre al igual que su madre que gozaba de buena posición económica a tal punto de prestar todo su dinero para luego perderlo con la fatal consecuencia de quedarse en la ruina.
 Dejo las aulas cuando contrajo matrimonio a los 17 años con un hombre joven alto y deportista perdidamente enamorado de ella.  Su separación para mí es un misterio, no alcancé a comprender como dos seres que se aman y se necesitan pueden separarse por el capricho de una mujer y los intereses particulares de otro.
Su matrimonio maduró con accidentadas circunstancias en una convivencia, hasta cierto punto sin puntos de acuerdo.

 Deberías haber sido muy feliz con tu esposo, por lo que me has contado. Lo diste todo, compartiste lo que tenías, él te amaba, te trataba bien y te complacía, que pasó entonces, le pregunte otra vez porque su historia termino fatal.
 Soy extremadamente caprichosa, me contesto, nadie puede con mis caprichos. Se fue a estudiar con una beca a Cuba, regresaba cada año y yo le esperaba cada vez más enamorada. Un día me sorprendió con un ramo de rosas en la casa, sin avisarme que volvería de Cuba en vacaciones. Mi hombre me amaba.
Un día me preguntó si yo quería que el regresara de Cuba, yo le contesté que eso era cuestión de él, entonces, se fue, pensando ya no regresar por mí. Me quede sola y fue una decisión que tomé sin pensarlo dos veces, le dije que lo decidiera él.
 Puro capricho tuyo, te ha servido de algo ser así
 No lo sé; no lo he analizado mi forma de ser es así, es lo que importa y nunca voy a cambiar.
 Las cosas importantes no se improvisan, ni se toman a la ligera, le dije a manera de consejo, pero la muñeca era de las personas que los consejos no le servían de mucho, los ignoraba.
Angustiada, por el bienestar de su único hijo que nació tan bello como un querubín; en el acto el infante le fue arrebatado, por el cariño y esmerados cuidados de su abuela.
 Ella, la pobre “muñeca”, nunca supo cómo ganarse a su bebé, pues su abuela no lo permitió. 

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