Un café en Paris
La suerte estaba echada para aquel tipo, no había nada que hacer en muy poco tiempo el mundo se la había venido encima, sin trabajo, ni en que ocupar su tiempo, cobijado con las estrellas de la noche sentado frente a una pequeña mesa donde reposaba un vaso de triste vino el cual apuro con despecho. -No quiero estar aquí,- se dijo desde lo más profundo de su alma. – No me voy a quedar aquí- atado a la suerte de ver transcurrir el tiempo, y sin motivos para vivir.
Víctima de la desesperación que le producían sus pensamientos y una fuerte depresión que le llevaban con fuerza su mente por ciénagas desconocidas, cabeza gacha, en su mano derecha asido a un pequeño punzón de metal rasgaba el tablero de la mesa intentando dibujar en él algo así como una musa inspiradora sin rostro que le hiciera cumplir sus deseos y lo que él quería ese momento es estar lo más lejos posible de aquel ambiente sórdido: la ciudad pequeña y extraña llena de gentes vacías, el mismo paisaje todos los días, los mismos problemas recurrentes y sin solución, víctima de malos presagios, con un libro bajo el brazo todos los días leyendo historias de otros mundos , descubriendo personajes extraordinarios y cargados de excepcional valentía que lo podían todo, donde la suerte les deparaba mejores días, al final todo parecía salir como debe ser para un hombre con agallas, el triunfo, el amor y el éxito personal, pero por sobre todo la naturalidad de sus vidas hechas para transformarlo todo a su paso y él, en cambio, desafortunado, sin horizontes, con una miserable copa de vino en la mano deteniéndose de vez en cuando a ver de soslayo por encima de los arboles las únicas estrellas que las conocía de memoria porque todas las noches las veía desde el balcón de su casa antes de irse a dormir por las noches.
Sin un peso en su bolsillo, ni posibilidades mediatas de resolver su fatalidad, estaba convencido de que lo único que le dejaría tranquilo sería la determinación de reencontrarse con sus luchas y sus propósitos, pero no tenía el valor necesario, un pesimismo enorme le ensombrecía toda intento de redención.
Mientras escribía esto en el aula donde trabajaba como profesor, estaba la estancia repleta de muchachitas y muchachitos de 12 años que se relajaban después de 200 días laborables de exigentes jornadas de aprendizaje, él también estaba extenuado pero cogía aire para relajarse, el año escolar estaba llegando a su fin a dos días de terminarlo, las luchas con los estudiantes habían terminado y sus exigencias de preparar clases y mantener la rutina, también estaba llegando a su fin, pero se notaba los estragos del cansancio por las madrugadas y días sin dormir a causa de las preocupaciones del trabajo de ser profesor de segunda enseñanza donde las reglas del juego habían cambiado radicalmente para los profes. Era seguro y nos costaba creer: Estábamos en desventaja frente a todas las esferas sociales producto de una desatinada política educativa que subestimaba una tarea digna por naturaleza.
En sus veinte y dos pasados años cursaba estudios universitarios a distancia y su única distracción era mirar películas y salir a caminar por las noches con algún desocupado amigo hasta que el cansancio le rondaba a sus pies y poder coger el sueño que se le escapaba a merced de martillarse el mismo pensamiento en su cabeza l, -debo salir de aquí-, siempre que lo pensaba se hacía promesas que el tiempo no las veía cumplirse. Solamente ese vaso de vino era testigo de las innumerables veces que hacía lo mismo, escuchar la radio o algún casete de música pregrabada, hasta ese momento no se había dado cuenta de lo profundo que puede calar la soledad en plena edad de juventud.
Su problema principal era el pesimismo que le producía verse sin futuro y sin oportunidades porque era demasiado difícil salir adelante sin conocer a nadie que le diera la mano, en edad de conquistar el mundo y pudiendo desempeñarse en cualquier campo de la actividad intelectual, en cualquier espacio encontraba barreras difíciles que superar y las puertas se cerraban a su paso sin mayores explicaciones. Su mente le parecía un océano ingobernable movido por huracanes girando alrededor de su cerebro. Ni que decir de las horas que se le figuraban interminables, pero un día, después de sus trabajos universitarios habituales se sentó a contemplar el ocaso un horizonte rosa pálido, detuvo sus escenas literarias hizo una pausa y se dijo: “Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades” entonces su asiento le pareció más cómodo, y solo esperó ver la puesta del sol sin hacerse ningún cuestionamiento.
En sus ratos libres de lectura, le sorprendió el sórdido mundo de la delincuencia juvenil francesa caldo de cultivo de la Revolución francesa de 1897, el bajo mundo de París le era impresionante. Una ciudad delictiva vibraba bajo las alcantarillas de París; ni que decir de las catacumbas donde estaba enterrados formando verdaderas paredes los esqueletos y calaveras los miles de cadáveres que morian envenenados por el agua insalubre de Parsis y asesinados en el reinado del terror de Roberspiere. Entonces pensó para sí mismo, el momento llegara en que pise mis pies en Paris e iría a conocer los restos de esas ciudades memorables por sus contrastes entre la opulencia y la miseria de tiempos medievales. Los estratos delictivos de Paris pululaban bajo el fastuoso mundo de la aristocracia parisina. A lo mejor se quedaría a vivir en París, le encantaba mirar los bailes de salón y de cabaret de las grandes avenidas del Paris en medianoche y escuchar “la Bohemia” de Charles Aznaburg en el ya legendario “Molino Rojo” de la o permanecer callado sorbiendo un vaso de vino lentamente y el último cigarrillo de su existencia en algún bar de callecitas poco alumbradas de la capital del mundo.
Nunca se le quito de su mente las ganas de terminar su vida lejos, de donde le vieron crecer su padres amigos y familia y ahora que estaba viviendo cuesta abajo las postrimerías de su vida, tenía ahora en la mano el pasaporte visado para transitar por Europa en un viaje de entretenimiento, pero eso no era su fin, al inicio, aquel bohemio que solo le importaba el momento en que se vería lejos de esa mesa y de ese triste vino, se había esfumado, ahora pensaba como haría para quedarse y no tener que volver hacia donde estaba atado por su trabajo, el cual no le satisfacía, por haberle resultado todos esos años infructuosos para sus fines, su trabajo era solamente el instrumento para mantenerse activo y ocupado con una responsabilidad por demás ensordecedora para su cerebro que clamaba por libertad lejos de todas esa apariencia que hace ver a la tarea educativa una noble forma de ganarse la vida. Esta circunstancia solo le brindaba un estilo de vida nada profundo nada de satisfactorio ni reflexivo.
Empezaba por entender que, el no hacer nada sería la mejor forma de dar forma su espíritu en la contemplación de la primera esencia, Una nueva forma de conocer la existencia de Dios, los libros de meditación oriental y budistas le estaban transformando el mundo y para entenderlos debía alejarse lo más posible de los convencionalismos y encontrar una vida retirada: soledad, el no hacer nada, ser simple y natural estaría bien para él; pero antes debería conocer la obra del hombre y el espíritu que se encierra en ella; a través del paso de los años: los magníficos palacios, deslumbrantes catedrales y monumentos de glorias pasadas dedicadas a sus dioses donde el hombre hizo su mejor esfuerzo por perpetuar su nombre en las civilizaciones venideras. En cuanto al amor ya no concebía como una forma de satisfacer los deseos de libertad encadenada por el deseo de la carne y el disfrute sexual eso, seria solamente sucumbir a un momento mientras dura el amoroso acto; lo importante era dejar fuera la posesión del uno con el otro para sumirse a lo más simple y natural en el arte de amar.
Pero como encontrar ese estado de amor, no sabía cómo empezar ni quien sería ese cómplice de su nueva aventura.
Haría ese viaje si ese viaje deseado hace 15 años, cuando cavilaba embriagado frente a un vaso de triste vino, ahora estaba decidido para pasear en Europa tomado de la mano de “la chica de sus sueños”, un cómplice, Si la chica de sus sueños existía la encontraría sin esfuerzo, pero si no tendría que adaptarse, a momentos convencionales, pero sin provecho a sus fines “conocer el amor de forma simple y natural” sería un sueño demaciado costoso y creo no tendría talento contemplado hasta ahora. Se dijo a si mismo
“El amor junta los cetros con los cayados; la grandeza con la bajeza; hace posible lo imposible; iguala diferentes estados y viene a ser poderoso como la muerte”, se sonreía en silencio
Cervantes
El aeropuerto, un espacio impresionante por sus instalaciones modernas con letreros luminosos que comprometen mi atención, sin cabida a atenderlos a muchos de ellos, solamente espero dirigirme bien y no perderme en esta burbuja gigante de cosas y gentes. Para acceder al embarco o desembarco; los viajeros que estábamos dispuestos en diferentes pisos hacia arriba y hacia abajo corrían hacia las escaleras interminables como gusanos eléctricos movilizando muchedumbre de todas las razas y colores. Las personas parecían seguir seguían un patrón de conducta similar tenían la necesidad de ir y venir porque algo les traía y algo les llevaba de vuelta; para otra vez volver cual aves viajeras del espacio infinito buscando refugio y estabilidad o dando sentido a sus vidas llevadas por alguien o algo que son el motor de sus afanes; estaban llegando unos y otros abandonando el aeropuerto para dirigirse a sus países de origen, satisfechos o no de sus motivos de viaje. Luego de esperar por interminables 35 minutos, iban apareciendo las primeras maletas en el rotor que las movía en círculos interminables, tarde como uno 40, minutos para que apareciera la mía, cuando hube de tomarla, el ansia mía creció y mi corazón ahora latía al 100 por ciento de mi capacidad respiratoria. Mis nervios se alteraron haciéndome sucumbir en un estado de éxtasis al dar cada paso hacia la salida de pasajeros donde me esperaba ella, la única mujer que se ha refugiado en mi corazón casi eternamente.
El aeropuerto de Barajas es uno de los más grandes y modernos del mundo, orgullo de los españoles de un cuerpo de instalaciones, se salta a otro más moderno grande es T4 o terminal 4, para llegar allí de toma un tren que guía a los pasajeros a dicho espacio He salido del lugar de embarques hacia el salón donde están esperando a los viajeros; he buscado entre la gente a Susana a quien no había visto por espacio de tres años. Ella sale de entre la gente con una cálida sonrisa en los labios, yo quisiera decirle que la adoro solo por el hecho de estar allí ese instante mágico y real a la vez yo igual he sonreído y le he dado un beso al saludarla, el gusto de verla me ha hecho que mi sangre adormecida por la distancia recorra en un segundo todo mi cuerpo como un tren aparcado a punto de partir en el espacio del olvido sin tiempo y sin fin ….?
Al poco rato de salir de las instalaciones, es momento de dividirse para luego volver a encontrarse; ella toma direcciona a su casa, yo al hotel.
El chofer, un hombre de unos cuarenta años colombiano y radicado ya unos 16 años me conduce en un lujoso Mercedes Benz, por entre las avenidas de salida que conducen al centro de la ciudad, mi primera impresión fue sentir el calor del verano, miraba, desde la ventana del auto, sin mucho interés el asfalto de la carretera, los espacios de tierra que se extendías a lo lejos eran estériles y secos allí empecé a ver primeras construcciones de las afueras de Madrid. Al rato atravesamos un túnel de 14 kilómetros, que descongestionaban una ciudad atiborrada de autos lo atravesamos en muy poco tiempo.
El Hotel Convencion en Madrid está bien frente a una antigua terminal de trenes hoy convertida en estación de metro y centro comercial llamada “Príncipe Pio” tiene lo necesario, y más. Una hermosa vista al Manzanares, el rio que cruza la moderna ciudad de Madrid; he salido a mirarlo el verano lo tiene seco, pero las calles y las arboledas que se ven a lo largo y hacia a los flancos, le imprimen al lugar una hermosa vista atrayente; deseos de pasearse en sus riveras tomando un refresco y mirando a los ojos de la mujer que acaba de recibirme en el aeropuerto
Cómodo y espacioso, el hotel era mi primera parada del paseo, este me hacía sentir como un verdadero turista en tierras desconocidas En la recepción pregunte por mi guía de viaje Carmen, quien había dejado un letrero que decía desayuno a las 7: 15 salida a Burgos 8am, era todo; no me han dado razón de dónde puedo encontrarme con mi guía turística, seguro aparecerá al siguiente día; estaba algo preocupado, al llegar inmediatamente después de desempacar algo de nueva ropa, tome un baño. me sumergí todo el cuerpo en una amplia bañera de agua tibia con jabones de olores donde me quedé dormitando, mientras los primeros pensamientos inquietaban mi tranquilidad: “Qué hago aquí”, después de tres años de no verla, no sé qué podría yo esperar de ella, o ella que podía esperar de mí, si hace un año atrás estábamos a punto de olvidaros de nuestra existencia el uno del otro y ahora la invitación que le hice a viajar había despertado expectativas nuevas que estaban ocupando mis pensamientos y sintiendo como el agua tibia relajaba mis nervios después un largo vuelo de 10 horas. No alcanzada a dilucidar si está bien o mal haber llegado a Madrid, no a tiempo, sino a destiempo ya olvidado como es de entenderse con alguien a quien un día se amó con delirio y a placer.
En otras condiciones, este viaje era maravillosos, lo esperado por cualquier viajero, el estar en Europa con la compañía ideal conociendo un mundo distinto al mío, escuchado solamente de oídas, esas mil y una historias que se conserva en cada aun de sus plazas y museos de ciudades eternas con espíritu propio codiciadas y conquistadas por hombres de paz y de guerra desde la antigüedad hasta la modernidad.
La he llamado y no me ha contestado, estará en dos horas, según me dijo, al decirnos un hasta luego en el aeropuerto después de despedirnos, ella iría su casa y yo al hotel a esperarla. He salido a visitar la calle , una puerta al estilo europeo situada en la mitad de un redondel, me muestra que estoy en el viejo mundo hoy cosmopolita en cuya amplia acera se forman mesitas con parasoles donde los turistas toman café, vivo o soda; comen bocadillos que no son apetecidos por mí, no los conozco y me he aventurado por una calle larga, es una terraza, provista de restaurantes al aire libre donde te ofrecen una cerveza con algún bocadillo incluido, he pedido una; el aire caliente me reconforta y me relaja tomo a sorbos cortos mi cerveza que me sabe deliciosa un sabor a cebada fresca segada por manos laboriosas de los campesinos que trabajan la tierra , miro al frente y pasan por mi delante hombres y mujeres extraños, yo la espero a ella, porque la conozco aprendí a conocerla y será ella quien me brinde la serenidad que necesito para poseerme de ese encanto de ser un viajero feliz además encuentro deliciosa comida y algunas tiendas, donde se ve de todo manjares, dulces delicias expuestos en enormes vitrinas y otros comercios donde se leen las primeras ofertas de artículos y ropa en verano. Madrid es así todo el tiempo con impresionantes centros comerciales para comprar, y disfrutar, donde te sientes bien y donde te gustaría vivir, si no fuera por los 40 o 45 grados de temperatura que soportas en verano, sus plazas históricas, edificios emblemáticos, avenidas comerciales como la Gran Vía , donde se confunden los turistas de distintas partes de Europa del este, franceses, ingleses alemanes polacos turcos y chinos además de la cantidad de gente migrante del África e India están pululando por la grandes avenidas y calles de Madrid y le brindan un espectáculo multicolor de razas, están allí en las calles de Madrid.
El metro a resultado algo fascínate para mí, primero el hecho de no saber cómo comprar un tiquete de transporte me deja inútil, pero esta ella Susana, solicita y servicial, me indica y me dice cómo moverme en ese espacio desconocido, yo sigo sus pasos y me dejo llevar por ella, la encuentro la mujer soñada por mí.
- Aprenda a moverse aquí eso me ha dicho – aunque no tenga que vivir acá, aprenda a moverse, es fácil
Después de pensar de que no vendría al hotel por las tres veces que había llamado y no me había contestado al teléfono, pensé: sería capaz de dejarme hacer el tour solo, si así es lo haré solo de todos modos. Antes de terminar la frase, en un segundo apareció ella en la puerta, del hotel.
Después de regresar de mi paseo en solitario al dirigirme por el pasillo hasta mi habitación, la encuentro, es Susana, está halando una pequeña maleta, y un bolso grande de mano, entonces sé que es en serio que me acompañará como quedamos en mi aventura turística de tres semanas.
Esa noche ha llamado a una amiga, Rubí es una de sus amigas que migraron hace 16 años y trabaja como interna en una casa de españoles, digna e inteligente con argumentos sólidos ha conversado toda la noche que duró la velada, aunque yo estaba exhausto después de la 10, horas de viaje; he tomado sangría, he comido chorizo, cerveza con bocadillos en un restaurante y otro llenos de turistas y españoles que salen aprovechando el verano para encontrarse con sus pares y pasarla bien.
Paseando por el Palacio real fotografiando las soberbias esculturas del Quijote hemos caminado por el Paseo del Prado, donde se destacan grandes edificios con colosales puertas de hierro y un serie de pasamanos y forjados en grandes cordones de hierro forjado artísticamente mientras avanza la noche, las dos amigas se muestran interesadas en que me ambiente en la moderna ciudad de Madrid y empiece a disfrutar de solicitas compañeras, pero ella Susana, se suma de una forma natural y distante sin ninguna expresión de alegría en su rostro, yo intuyo que no es indiferente el verme pero tampoco muestra una señal de alegría, yo no soy la persona que ella está esperando, y me doy perfecta cuenta.
No puedo evitar sentirme solitario en un lugar que espere estar no ahora , sino al menos en un momento justo, si hubiera estado en ese mismo hotel hace aproximadamente cinco años atrás, cuando me despedí de ella, con la esperanza de volverla a ver , cuando no se me paso por la cabeza hacer lo que ahora estaba haciendo, “un viaje en tour” hubiera sido la solución perfecta si por un minuto hubiera decidido viajar al encuentro de Susana, en el tiempo preciso no estaría complicado como ahora lo estoy, ¡porqué tengo la pésima costumbre de hacer las cosas a destiempo, porqué mis decisiones son tardías y fallidas, porque no logro entender que las cosas se dan en el tiempo preciso y no cuando yo quiero hacerlas , las decisiones tardías se pagan caro, el amor se oculta, los intentos son fallidos, nada puede cambiar, solo la esperanza que se muere con el deseo a flor de piel y los desdenes ocultos en la mirada perdida y esquiva del amor de tu vida, eso es lo que fui a buscar? Eso encontré…, eso encontré como premio a mi alocada búsqueda de la verdad.
Estoy cursando el tercer día en Madrid. Por la mañana vista panorámica de la ciudad, Carmen es la encargada de darnos a conocer sus monumentos y contrastes; desde el viejo Madrid con su sabor castizo, sus elegantes plazas de oriente continuando nuestra visita hacia el nuevo Madrid con sus modernos edificas y jardines, el paseo de la castellana, la Plaza Cibeles, símbolo de la ciudad, etc. La puerta de Alcalá nos espera histórica y señorial frente a esta el majestuoso parque del Retiro lugar de descanso de reyes y nobles ahora dispuesta a los veraneantes en domingo.
Carmen nos ha dado poco tiempo para conocerla, yo he decidido junto a dos turistas mexicanas quedarnos un rato más en el Parque del retiro porque una sinfónica esta preparándose para presentar su concierto y esto me gusta mucho , al salir a tomar el autocar, este ya no estaba , que me asusté un poco si, claro que si porque estábamos perdidos junto a tres personas mexicanas, después de mirarnos unos a otros hemos logrado acordarnos que iríamos a Hard Rock un bar en el centro de la ciudad para nuestra fortuna no estábamos lejos, las mexicanas corría si dirección precisa, yo las seguía a buen paso un poco relajado, pues ya nos comunicaremos con Carmen y eso era todo. Con un poco de dificultad, hemos visto un letrero vistoso: Hard Rock, lo recuerdo por su ambiente, no tan espacioso pero si acogedor en cuyas ricas vitrinas se ostentan ejemplares de guitaras eléctricas originales aplaudidas por los amantes del rock . Hemos esperado con paciencia, luego de poco tiempo se ve del autocar bajar a los turistas acalorados a calmar su sed con una soda en el
Es un nuevo relato de mi viaje por España.Francai e Italia
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